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Redes sociales le dieron “voz a una legión de imbéciles”

 

De científicos a influencers: la era donde el ruido vale más que el conocimiento



Guatemala vive una época extraña. Nunca hubo tanta información disponible, tantos títulos universitarios, tantos avances tecnológicos y científicos… y aun así, pareciera que la voz con más peso hoy no es la del investigador, el maestro o el profesional, sino la del personaje viral que grita más fuerte frente a una cámara.

El escritor italiano Umberto Eco advirtió hace años que las redes sociales le dieron “voz a una legión de imbéciles”. La frase sigue causando polémica, pero basta entrar a TikTok, Facebook o Instagram para entender por qué muchos creen que tenía razón.

Hoy un científico puede pasar décadas estudiando, investigando y aportando conocimiento real, mientras un influencer sin preparación puede mover masas diciendo cualquier barbaridad frente a un teléfono. El problema no es solo cultural. Ahora las autoridades también alertan que las redes sociales podrían estar siendo utilizadas para mover dinero sospechoso, aparentar riquezas falsas y hasta lavar capitales.

En Guatemala, las investigaciones sobre lavado de dinero han aumentado durante 2026. La Intendencia de Verificación Especial (IVE) y el Ministerio Público reportan millones de quetzales bajo investigación por movimientos financieros irregulares.

Las autoridades señalan que las redes criminales ya no funcionan únicamente con negocios tradicionales. Ahora utilizan redes sociales, transferencias digitales, cuentas múltiples y figuras públicas de internet para aparentar éxito, mover dinero o influenciar personas.

Y es aquí donde aparece otro problema: la cultura del “éxito rápido”.

Muchos jóvenes crecen viendo influencers mostrar carros, viajes, cadenas, dinero y una vida aparentemente perfecta. Pero pocas veces se preguntan de dónde sale realmente ese dinero. Las redes han creado una economía donde la apariencia vale más que la preparación y donde el algoritmo premia el escándalo más que la inteligencia.

Mientras tanto, el profesional preparado muchas veces queda invisible. El doctor, el ingeniero, el investigador o el maestro no generan millones de vistas haciendo ridiculeces. El sistema digital actual favorece lo viral antes que lo verdadero.

No significa que todos los influencers sean delincuentes. Muchos trabajan honestamente creando contenido. Pero las autoridades financieras internacionales y guatemaltecas sí han alertado sobre nuevas formas de fraude, estafas y lavado vinculadas al mundo digital y redes sociales.

La pregunta incómoda es:
¿Estamos construyendo una sociedad donde la fama vale más que el conocimiento?

Porque cuando una nación comienza a admirar más al personaje viral que al científico, al maestro o al profesional serio, el problema deja de ser únicamente de redes sociales. Se convierte en un problema cultural.

Y quizá ahí es donde la frase de Umberto Eco vuelve a tomar fuerza:
las redes no solo amplificaron voces… también confundieron popularidad con inteligencia.

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